La Derrota

Este escrito forma parte del taller de escritura de la web “La Nave Sonda” 

Sigue las pautas de trabajo de su segunda edicion, “Guerrera”.

Disfruten.

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Exhausta y derrotada volvía la heroína del pueblo de LucasGate, después de su batalla contra el enemigo que amenazaba la vida de ese pequeño pueblo. El familiar, le llamaban; a ese demonio con apariencia humana con ojos rojos, que cada 3 años despertaba y buscaba una digna batalla. Solo Gadea se la podía dar. Venia de una generación de luchadoras, poseedoras de una legendaria hoja hechizada por los antiguos druidas.

Gadea no sabía lo que iba a pasar con su pueblo. Nunca había perdido una batalla. Cada vez que despertaba ella estaba preparada para confrontarlo, pero esta vez fallo en la pelea. No sabía por qué, ni tampoco sabía por qué no había muerto. El familiar le había perdonado la vida, pero le había quitado su arma.

Faltaba poco para llegar a su pueblo, cuando volteo la mirada y vio a su vencedor, acercándose a su posición, con la hoja que alguna vez poseyó. Se acercaba el fin, y bien cuando el familiar llegue al pueblo todos morirían, nadie iba a poder hacerle frente, no sin la hoja, no sin los druidas, no sin el ejercito que alguna vez tuvo LucasGate, lleno de caballeros nobles y valientes. Los pasos fuertísimos de El familiar perturbaban la calma del pueblo.

Ella era la última línea de defensa y lo arruino, o al menos eso era lo que pensaba ella.

Ya en las puertas de LucasGate, las lágrimas empezaron a correr. Los pueblerinos la vieron sin la hoja familiar y con su cota de malla ya destruida por el combate, eso y combinado con el cielo gris, pasando a negro, eran augurios de la derrota de la heroína.

Ya rendida, procedió a sentarse en el suelo, contra la pared del herrero. Miradas de decepción era lo único que ella recibía. Los pasos fuertes del familiar retumbaban fuertemente sobre el pueblo; Ella los ignoraba mientras que el resto del pueblo temblaba del miedo, ellos no podían soportar la idea de que El Familiar apareciera, ella no le tenía miedo, había luchado con el muchas veces y esas veces había salido victoriosa, pero esta vez fallo. Le tenía miedo a lo que podía causar El Familiar con el poder de la hoja, le tenía miedo al fin de su querido pueblo, al fin de sus amigos y al fin de su padre.

Su padre era una persona muy rígida, el era el que entreno a Gadea en el arte de la lucha con espadas para hacerle frente al demonio. A partir de los 6 años de edad la había entrenado, era lo único que le había enseñado, y era la única relación que tenían, la de alumno y maestro.

Mientras estaba sentada, ignorando los retumbes en la pared en la que estaba apoyada, volteo hacia su padre, sentado en la fuente del centro de LucasGate. Espera encontrar en su rostro un aire de decepción, pero en vez de eso se encontró con una mirada que decía: -Sígueme-.

Se paró y enderezo. Sus piernas y brazos le temblaban por las múltiples heridas que había recibido, que recién ahora las había recordado.

Rengueo hasta a él, que la esperaba con un objeto largo envuelto en unas telas, que había sacado de un compartimiento que tenía la fuente.

-Tómala- le dijo sin mas. –Derrótalo-.

Gadea le devolvió una sonrisa y desenvolvió los trapos. Se encontró con una espada, similar a la hoja con la hoja hechizada. Supo que tenía que pelear.

Fue a su choza y se comenzó a preparar para el combate final, este era el definitivo. Se quito su armadura casi destruida, se ató el pelo, se curó sus heridas con un brebaje que hacia el último druida que quedaba y se puso su armadura ligera de repuesto.

Mientras corria hacia las puertas, los retumbes se iban haciendo mas fuertes, ya estaba cerca. Los pueblerinos le abrieron la puerta mientras la alentaban, a ella, la defensora.

-¡Ocúltense!- Grito. -¡No salgan hasta que les diga!-.

Le hicieron caso, y mientras la gente corria hacia dentro del pueblo, ella blandió su espada y miro a su oponente mientras se le acercaba.

El familiar blandió la espada de la familia de Gadea, y en un tono burlón, imito su posición.

Los dos estaban ahora en posición de combate, la batalla final por el destino de su pueblo estaba en sus manos, Gadea no podía perder, al igual que su contrincante. Las puertas del pueblo permanecieron abiertas, y los dos estaban a la espera de que alguno haga el primer movimiento.

Los dos atacaron al mismo tiempo, las espadas chocaron fuertísimamente una y otra vez, los ataques eran mayormente de El familiar, la pobre chica no podía hacer más que defenderse, y su cuerpo débil, no del todo curado, lo estaba sufriendo.

Gadea había estudiado cada movimiento de su oponente, pero esta vez él estaba desesperado por ganar, sabia el error que había cometido en dejarla ir, y se sorprendió cuando vio una nueva espada en las manos de ella, pero no lo podía demostrar.

Los ataques eran cada vez menos fuertes, pero más rápidos. Ella estaba buscando su punto débil, por ahora lo estaba entreteniendo y él estaba tan desesperado que no se daba cuenta.

Entonces lo encontró, cada 5 ataques, el hacia un paso para atrás y giraba hacia su derecha, con el fin de seguir atacando. Cubrió los 5 ataques y contraataco girando hacia su  izquierda, acertándole un golpe fulminante en su garganta. El familiar se echó para atrás y Gadea aprovecho para acertarle tres golpes más en el pecho, finalizando con una patada que lo expulso hacia un árbol cercano. Gadea se acercó hacia un familiar vencido, con el pecho y garganta abiertos, emanando un líquido negro por las aberturas. El la miro y sonrió.

-Feli…citaciones…- Dijo, con dificultad. –Mostraste ser… un…”cof,cof”… un digno oponente-.

Gadea no le dio importancia a las palabras de su enemigo de toda la vida y con dos giros de su nueva espada dio fin a la amenaza de LucasGate de una vez por todas.

Guardo su espada en la guarda y tomo su vieja hoja del cadáver del familiar. La paz y el silencio reinaban en su pequeño campo de batalla, como así en el pueblo. Le gustaba eso, el silencio.

Se sentó a un lado de su fallecido contrincante y cerró los ojos.

Por fin podía descansar, no había nada que amenazara al pueblo, por fin podía dejar de respirar.

Su cuerpo dejo de funcionar, su corazón de latir y sus pulmones de contraerse.

Y Gadea descanso.

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Un comentario en “La Derrota

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